Trump: “Acuerdo con Irán superaría victoria”
El presidente matiza su postura tras tildar las negociaciones de “aburridas” y admite avances clave para reabrir el estrecho de Ormuz la próxima semana.
El tablero persa: Trump cambia el discurso y ahora ve un pacto más valioso que una ofensiva
En un giro inesperado que sacude las fibras de la política exterior estadounidense, el presidente Donald Trump aseguró este lunes que sellar un entendimiento con la República Islámica de Irán podría representar un logro “aún mejor que una victoria militar”. La declaración, realizada en el marco de una entrevista telefónica con la cadena ABC, no solo matiza su tradicional beligerancia hacia Teherán, sino que abre una ventana de esperanza en una región acostumbrada a los ecos de metralla.
“No es algo sencillo. Estamos hablando de un país muy grande, de un país enorme que llega a un acuerdo. Hay una hostilidad tremenda, la verdad”, reconoció el mandatario, en un tono inusualmente mesurado. “Así que no es fácil para ellos. De hecho, tampoco lo es para nosotros. Pero estamos consiguiendo lo que necesitamos”, agregó, sin precisar los contornos de lo que considera “necesario”.
Del “aburrimiento” a la aceleración: un vaivén calculado
Apenas días atrás, Trump había calificado las conversaciones con Teherán de “muy aburridas” y aseguró que si habían concluido, “se acabaron”. Esa aparente indiferencia duró lo que un tuit en la era de la posverdad. Horas después, desde su cuenta en redes sociales, rectificó: “Las conversaciones con la República Islámica continúan a un ritmo acelerado”.
Según fuentes cercanas a la delegación estadounidense, el principal escollo sigue siendo la reapertura del estrecho de Ormuz, un paso estratégico por donde transita cerca del 20% del petróleo mundial. Trump admitió que aún restan puntos por debatir, pero confió en que el pacto podría rubricarse “la semana próxima”.
La sombra de una guerra inexistente
El contraste discursivo del presidente resulta aún más llamativo si se repasan sus declaraciones previas. Desde el 28 de febrero pasado, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron una ofensiva conjunta contra objetivos iraníes, Trump ha repetido la fórmula de una victoria sin pruebas. “Hemos ganado la apuesta; en la primera hora ya estaba todo decidido”, proclamó el 8 de marzo ante seguidores, pese a que las hostilidades recién comenzaban.
Sin embargo, los partes de guerra no respaldan esa narrativa. Lo que sobrevino fue un cese al fuego precario a inicios de abril, violado en múltiples ocasiones, y una prolongación indefinida de la tregua ordenada por la Casa Blanca. A inicios de mayo, el propio Trump amenazó con “bombardear nuevamente a Irán”, pero las bombas no cayeron.
Negociadores astutos y un mediador de peso
Mientras tanto, se han sucedido varias rondas diplomáticas con Pakistán y países del Golfo como mediadores. En ese contexto, el presidente estadounidense no ha dudado en reconocer una cualidad que antes prefería ignorar: “Los iraníes son muy buenos negociadores, son astutos”, declaró el 28 de mayo, aunque sin soltar su muletilla: “Tenemos todas las cartas, porque los hemos derrotado militarmente”.
La realidad sobre el terreno, no obstante, pinta un cuadro muy distinto. No hay una rendición iraní, ni ciudades ocupadas, ni un ejército vencido. Lo que existe es una zona gris donde la propaganda de guerra y la diplomacia se entrelazan con la misma intensidad que las rutas marítimas amenazadas en el Golfo Pérsico.
Un acuerdo que puede reescribir el tablero
Si el pacto se concreta en los próximos días, Trump obtendría un activo político de enormes dimensiones a meses de un nuevo ciclo electoral. Pero también consolidaría un paradigma incómodo para los halcones de su propio partido: la idea de que, en el Medio Oriente del siglo XXI, una mesa de negociaciones puede rendir más frutos que un portaaviones.
Por ahora, el mundo observa el estrecho de Ormuz. Allí, donde confluyen el petróleo, el orgullo nacional y la desconfianza atómica, podría escribirse el próximo capítulo de una relación bilateral definida por décadas de hostilidad. Y, por paradójico que parezca, el hombre que alguna vez prometió “arrancar de raíz” el programa nuclear iraní hoy dice que el mayor triunfo no se logra con bombas, sino con tinta y papeles.

