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Brasil desafía a EE.UU. con el grito «El Pix es nuestro»

Lula exhibe pancarta en Goiás mientras Washington amenaza con aranceles del 25% al sistema de pagos que ya usan 170 millones de brasileños.

Sonrisa y advertencia: Lula blinda el Pix desde un hospital en Goiás

La postal no pasó inadvertida. Durante la ceremonia de apertura de un centro hospitalario en el interior de Goiás, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva rompió el protocolo institucional para elevar una pancarta con un mensaje directo, casi un desafío: “El Pix es de Brasil”. El mandatario sonreía, pero el gesto tenía la firmeza de un jaque en medio de una partida geopolítica cada vez más tensa con Estados Unidos.

“El Pix es nuestro. Es de Brasil y del pueblo brasileño”, sentenció más tarde el propio Lula en sus redes sociales. La escena, aparentemente espontánea, fue en realidad una nueva jugada en el tablero comercial que Washington ha comenzado a calentar con amenazas concretas: un arancel del 25 % sobre ciertos productos brasileños como represalia por las políticas de pagos electrónicos del país sudamericano.

El blanco de la Casa Blanca: un sistema que revolucionó las finanzas

Lanzado en 2020 por el Banco Central de Brasil, Pix se ha convertido en mucho más que una herramienta financiera. Permite transferencias y pagos en tiempo real mediante claves simples como el número de teléfono, el correo electrónico o un código QR. Sin comisiones para personas y con tasas mínimas para comercios, acumula ya más de 170 millones de usuarios y se ha consolidado como el medio de pago favorito del país.

Su eficiencia, sin embargo, irrita a gigantes estadounidenses como Visa y Mastercard, cuyo modelo de negocio tradicional depende del cobro por cada transacción. Además, la posible expansión de Pix Internacional ha encendido alarmas en el corazón financiero de EE.UU., sobre todo en un contexto donde los BRICS —liderados en esta discusión por Brasil— cuestionan abiertamente la hegemonía del dólar.

La maquinaria legal de Washington se pone en marcha

La Oficina del Representante Comercial de EE.UU. (USTR, por su sigla en inglés) ya activó los procedimientos previstos en la sección 301(b) de la Ley de Comercio, norma que faculta al presidente estadounidense para imponer sanciones ante prácticas extranjeras que considere «injustas» o «irrazonables».

En un comunicado oficial, la agencia acusó a Brasil de obstaculizar el comercio digital estadounidense mediante políticas que favorecen a su «empresa líder nacional» —en alusión velada al Banco Central y al sistema Pix— en detrimento de competidores de EE.UU. A la queja sobre pagos electrónicos se sumaron reproches por supuestos «aranceles preferenciales injustos», falta de protección a la propiedad intelectual y restricciones al mercado del etanol.

El ultimátum tiene fecha: 15 de julio. Para entonces, el gobierno de Donald Trump —quien ya había señalado a Pix como una amenaza en su mandato anterior— podría ejecutar la amenaza arancelaria.

Brasil responde sin titubeos: “Pix no se negocia”

La reacción del gobierno brasileño fue inmediata y contundente. El ministro de Hacienda, Darío Durigan, declaró este martes que Pix será protegido, salvaguardado y que “no está sujeto a debate”. La frase no admitía matices: Brasil no negociará su soberanía financiera sobre la mesa de Washington.

La Secretaría de Comunicación Social de la Presidencia difundió un comunicado en el que desmonta punto por punto las críticas estadounidenses. “Pix es una infraestructura pública y gratuita para pagos instantáneos, operada por el Banco Central de Brasil y ampliamente aceptada por la población. Sus normas se aplican de forma uniforme y neutral”, sostiene el texto.

El gobierno brasileño añadió un dato estratégico: Brasil es el segundo mercado más grande del mundo para Visa y Mastercard, lo que relativiza el supuesto perjuicio a empresas estadounidenses. “Las empresas de EE.UU. participan activamente en este ecosistema”, enfatiza la nota.

El fantasma de una guerra comercial asimétrica

Analistas internacionales ven en este pulso una reedición de viejas tensiones comerciales, pero con un componente novedoso: la disputa por el control de las infraestructuras financieras digitales. Mientras EE.UU. defiende el modelo de intermediación con comisiones, Brasil ha demostrado que es posible un sistema masivo, eficiente y de bajo costo desde el Estado.

La campaña brasileña en defensa del Pix lleva casi un año bajo el lema: “El Pix es nuestro, my friend” —un guiño irónico al tono con que Trump solía dirigirse a sus pares internacionales. Lo que antes era un eslogan publicitario se ha convertido hoy en una declaración de principios geopolíticos.

Con el reloj corriendo hacia el 15 de julio, la sonrisa de Lula en Goiás no fue un gesto menor: fue la postal de un país que, por ahora, no está dispuesto a ceder su reina en el tablero digital.

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