Merz: desgaste, caída y relevo en la CDU
Encuestas en picada, malestar interno y rumores de sucesor: el canciller alemán enfrenta su peor crisis tras solo un año en el poder.
El año que derrumbó al canciller
BERLÍN.— El relato de la estabilidad alemana comienza a resquebrajarse desde su propio despacho canciller. A apenas doce meses de haber asumido el poder, Friedrich Merz enfrenta una tormenta perfecta: su aprobación se desplomó del 47 al 26 por ciento, el rechazo a su gestión trepó al 71 por ciento y dentro de su propio partido, la Unión Cristianodemócrata (CDU), ya se murmura sin disimulo la palabra relevo.
Lo que hasta hace poco era un tabú en las filas conservadoras ahora se debate en chats privados, pasillos de la sede del partido y hasta en la primera plana del diario Bild. El martes pasado, el tabloide alemán destapó lo que muchos dirigentes evitaban ventilar: en la cúpula de la CDU se analiza un “escenario explosivo” para reemplazar a Merz antes de las próximas elecciones sin necesidad de convocar nuevos comicios, algo permitido por la legislación germana.
Silencio público, ebullición privada
El miedo a las filtraciones y a ser acusado de “socavar la unidad” mantiene a la mayoría de los parlamentarios de la CDU en un silencio público ensordecedor. Pero tras las puertas cerradas, la conversación es otra. Dirigentes regionales consultados por Bild admiten que el malestar crece con la gestión económica y migratoria, dos ejes sobre los que Merz construyó su campaña y que, según críticos internos, nunca terminaron de materializarse.
“Muchas promesas de reformas económicas y endurecimiento migratorio se quedaron en el papel”, resumió a RT el analista Iván Kuzmín. Y en ese vacío, la popularidad del canciller se hundió hasta ser reconocido como el político más impopular de Alemania en un sondeo de INSA y Bild, ocupando el puesto 20 de la tabla.
¿Quién viene detrás?
En la lista de posibles sucesores suenan tres nombres fuertes, todos premiers regionales: Hendrik Wust (Renania del Norte-Westfalia), Boris Rhein (Hesse) y Michael Kretschmer (Sajonia). Pero hay un consenso casi unánime en las fuentes consultadas: Wust es el favorito. En 2024, según Die Welt, ocupó el segundo lugar entre los políticos más populares de Alemania, y hoy se mantiene en el podio.
La duda ahora no es solo quién, sino cuándo. Un interlocutor cercano a Merz reveló al medio alemán que el canciller se toma “muy a pecho las críticas públicas” y que podría dimitir si fracasa su gran paquete de reformas. Otro, en cambio, asegura que Merz es “perseverante” y no abandonará voluntariamente el cargo por el que tanto luchó.
Un giro retórico que no convence
En su intento por rescatar la imagen, Merz viró abruptamente su discurso hacia la política exterior. Comenzó a criticar abiertamente la guerra de Estados Unidos en Irán —un conflicto al que inicialmente no se opuso— con la esperanza de canalizar la ira ciudadana hacia afuera. “Juega con los sentimientos del electorado”, sostiene Kuzmín. Pero el efecto, hasta ahora, ha sido inverso: los alemanes ven la maniobra como un acto de decepción, no de liderazgo.
Frases como “nuestra ilusión de prosperidad no va a durar” no hicieron más que profundizar la percepción de un canciller derrotista y desconectado de la realidad cotidiana.
“Merz debe irse”: la oposición aprieta
Mientras tanto, la oposición saca ventaja. La ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) lidera hoy los sondeos con un 29 por ciento de intención de voto. Desde sus filas sostienen que “un cambio de personal no resuelve ninguna crisis” y que “ya sea Merz o Wust, la CDU mantiene su política de declive”.
Más dura aún fue Sahra Wagenknecht, líder del partido BSW, quien calificó el primer año de Merz como “una catástrofe” y llamó a una manifestación masiva el 28 de mayo en Berlín. “Fraude electoral sin precedentes, crisis económica, precios por las nubes, amenaza de guerra… Si esto sigue así tres años más, Alemania ya casi no tendrá salvación”, escribió en X. Y sentenció: “Merz debe irse”.
¿El relevo cambiará algo?
La gran pregunta que recorre el espectro político alemán no es solo si Merz caerá, sino si su reemplazo alterará realmente el rumbo del país. Para sectores de la izquierda y la derecha populista, la respuesta es no: el problema es estructural, no personal. Pero dentro de la propia CDU, la ecuación es más urgente: frenar la hemorragia de votos antes de que AfD consolide su hegemonía.
El reloj corre. Alemania, acostumbrada a la continuidad, asiste con desconcierto a un espectáculo que durante décadas le fue ajeno: el desgaste fulminante de su propio canciller y la posibilidad de un recambio en la cúpula sin pasar por las urnas. Merz aún tiene en sus manos la decisión de resistir o caer. Pero en los pasillos del poder, muchos ya están moviendo las fichas para la próxima partida.

