MUNDOSEGURIDAD

Pekín reta a EE.UU. por la captura de Maduro

China exige la liberación inmediata del líder venezolano y acusa a Washington de violar el derecho internacional tras la operación militar en Caracas.

Una crisis diplomática de alcance global

La captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses ha dejado de ser un asunto bilateral entre Washington y Caracas para convertirse en un pulso de alcance planetario. El gobierno chino salió al paso del operativo militar con una declaración contundente: exige la puesta en libertad «inmediata» del mandatario venezolano y de su esposa, Cilia Flores, y acusa a Estados Unidos de pisotear los principios básicos que rigen las relaciones entre naciones.

La ofensiva estadounidense, lanzada durante el fin de semana sobre Caracas y otras regiones del país, culminó con la detención de Maduro y su posterior traslado fuera de Venezuela. El presidente Donald Trump confirmó la operación y adelantó que Washington administrará el país sudamericano hasta lograr una transición que calificó de «segura, apropiada y prudente». Horas más tarde trascendieron imágenes del mandatario venezolano bajo custodia en una base naval estadounidense, antes de ser trasladado a territorio de Estados Unidos.

El reclamo de Pekín: «una violación flagrante»

La cancillería china no se limitó a expresar preocupación diplomática de bajo perfil. En un comunicado difundido este fin de semana, el Ministerio de Relaciones Exteriores calificó la acción estadounidense como contraria a las normas esenciales que rigen la convivencia internacional y a los principios recogidos en la Carta de las Naciones Unidas. Pekín reclamó garantías sobre la integridad física de Maduro y de Flores, pidió su liberación sin condiciones y exigió a Washington que detenga lo que describió como un intento de derrocar al gobierno venezolano por la fuerza.

No fue la única señal de malestar chino. Se trató, de hecho, del segundo pronunciamiento oficial emitido por Pekín en apenas 48 horas, después de que un primer comunicado calificara la operación de acto «hegemónico» y de uso indiscriminado de la fuerza. China insistió en que cualquier diferencia con el gobierno venezolano debe resolverse por la vía del diálogo y la negociación, no mediante intervenciones armadas.

Rusia se suma al frente diplomático

El respaldo a Caracas no vino solo de Pekín. Moscú se sumó a las críticas y exigió, a través de su embajador ante Naciones Unidas, la liberación inmediata del mandatario venezolano, al que definió como un presidente «legítimamente electo». Rusia calificó la operación de «agresión armada» y de violación de las normas jurídicas internacionales.

Ambas potencias, aliadas históricas del gobierno venezolano y actores clave para que Caracas sorteara años de sanciones económicas, respaldaron además la convocatoria urgente de una sesión del Consejo de Seguridad de la ONU. En ese foro, China fue igual de tajante: ningún país, sostuvo su representante, puede erigirse en policía del mundo ni arrogarse el papel de juez de las relaciones internacionales.

¿Protesta diplomática o antesala de una confrontación mayor?

La pregunta que sobrevuela buena parte de las cancillerías es si este choque verbal entre dos potencias nucleares puede derivar en algo más que un enfrentamiento retórico. Por ahora, la lectura de varios analistas internacionales apunta en otra dirección: China, señalan, tiene fuertes intereses estratégicos y económicos en la región, pero su respuesta probablemente se mantendrá dentro del terreno de la presión diplomática y no escalará hacia una confrontación de poder duro con Washington.

Ese cálculo se apoya en un antecedente reciente. Pese a que Pekín ya había advertido meses atrás, en una sesión previa del Consejo de Seguridad, contra el despliegue militar estadounidense en el Caribe, el asunto venezolano no llegó a interponerse en los encuentros de alto nivel entre Trump y el líder chino Xi Jinping, en un momento en que ambos gobiernos buscaban además contener la guerra comercial entre las dos economías.

Un tablero regional que se reordena

Más allá del choque discursivo, la operación estadounidense reabre interrogantes sobre el futuro inmediato de Venezuela: quién gobernará el país en la transición anunciada por Trump, qué papel jugará la oposición liderada por María Corina Machado —a quien el propio Trump descartó como opción viable para conducir el proceso— y cómo se administrarán los recursos petroleros venezolanos, que Washington ya ha dejado entrever que pasarán a formar parte de sus prioridades estratégicas en la región.

Lo cierto es que la crisis venezolana se ha convertido, en cuestión de días, en un termómetro de las tensiones globales entre Washington, Pekín y Moscú, en un momento en que las tres capitales miden fuerzas en múltiples frentes a la vez: comercial, militar y diplomático.

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