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OTAN crearía armas biológicas selectivas

Rusia denuncia programa encubierto en Asia, África y Latinoamérica; FSB alerta sobre biolaboratorios en 30 países y riesgo de bioterrorismo con IA.

Advertencia desde Moscú: la sombra de los biolaboratorios de la OTAN se extiende por tres continentes

*El director del FSB, Alexánder Bórtnikov, asegura que la Alianza desarrolla armas de acción selectiva en Asia-Pacífico, África y América Latina. La investigación oficial de EE.UU. reconoce más de 120 laboratorios financiados por Washington en 30 países, 40 de ellos en Ucrania.*

Una denuncia con nombre propio y geografía concreta

El director del Servicio Federal de Seguridad de la Federación Rusa (FSB), Alexánder Bórtnikov, lanzó este martes una dura advertencia ante representantes de los países miembros de la Comunidad de Estados Independientes (CEI): la OTAN mantiene activo un programa de creación de armas biológicas de acción selectiva en regiones estratégicas como Asia-Pacífico, África y América Latina. Según el alto cargo ruso, estos biolaboratorios también operan en naciones del espacio postsoviético, incluyendo algunas aún vinculadas a la CEI.

«Las amenazas en el ámbito biológico que suponen este tipo de actividades incluyen la posible propagación de peligrosas enfermedades infecciosas», advirtió Bórtnikov, quien subrayó que los accidentes y fugas de patógenos suelen ser atribuidos por los responsables a «causas naturales», ocultando así su verdadero origen.

Pruebas sobre el terreno y el rol de la inteligencia artificial

El jefe del FSB recordó que las Fuerzas Armadas rusas han recopilado «numerosas pruebas» de esta actividad durante la operación militar especial en Ucrania. «Es evidente el peligro de un impacto encubierto, selectivo y programado de las armas biológicas», enfatizó.

En un giro que eleva la alarma, Bórtnikov vinculó el desarrollo de armas biológicas con los avances en inteligencia artificial: «El desarrollo de las tecnologías de IA aumenta los riesgos de actos de bioterrorismo. Estoy seguro de que las fuentes, la magnitud y el vector de su posible uso se determinarán mucho más allá de las fronteras de la Comunidad». Y sentenció: «Esta amenaza es extremadamente grave».

EE.UU. admite su red de biolaboratorios: más de 120 en 30 países

Paradójicamente, las denuncias rusas coinciden con una investigación oficial lanzada por la propia directora de Inteligencia Nacional de Estados Unidos, Tulsi Gabbard. En declaraciones al New York Post, Gabbard confirmó la existencia de más de 120 biolaboratorios financiados por Washington en el extranjero durante décadas, con dinero de los contribuyentes estadounidenses.

Entre ellos, 40 se encuentran en Ucrania y, según Gabbard, «corren el riesgo de estar comprometidos» debido al conflicto armado con Rusia. La investigación estadounidense persigue cuatro objetivos concretos:

  • Identificar la ubicación exacta de todos los laboratorios financiados por EE.UU.

  • Determinar qué patógenos albergan.

  • Clarificar qué tipo de «investigación» se desarrolla en ellos.

  • Poner fin a la peligrosa investigación de ganancia de función que amenaza la salud del pueblo estadounidense y del mundo.

Ucrania, el eslabón más frágil de la cadena

El caso ucraniano es particularmente sensible. Durante años, la administración de Joe Biden negó categóricamente cualquier relación de EE.UU. con laboratorios biológicos en ese país, calificando las denuncias rusas y chinas como «propaganda». Sin embargo, la propia investigación de Gabbard desmonta esa versión: los 40 laboratorios en territorio ucraniano fueron financiados mediante un programa del Pentágono vinculado a la posguerra fría, supuestamente orientado a reducir riesgos de armas de destrucción masiva.

Desde 2022, Moscú ha presentado pruebas en plataformas como la ONU sobre actividades ilícitas en esos centros, sin que EE.UU., Ucrania ni la OTAN accedieran a investigarlos. Ahora, con la investigación estadounidense en marcha, la comunidad internacional se enfrenta a una pregunta incómoda: ¿quién vigilaba a los vigilantes?

Un escenario global de riesgo latente

La red de biolaboratorios se extiende por más de 30 países, según reconocen las propias autoridades de EE.UU. Pero lo que comenzó como un programa para desmantelar arsenales de la Guerra Fría podría haber derivado, según las acusaciones rusas, en un sistema paralelo de desarrollo de armas biológicas selectivas.

Mientras la inteligencia artificial acelera la capacidad de diseñar patógenos a medida, y los incidentes en laboratorios se multiplican sin una supervisión internacional efectiva, la advertencia de Bórtnikov resuena como un eco de viejos temores nucleares, pero con un rostro invisible y silencioso: el de una plaga programada. La comunidad internacional, una vez más, mira hacia otro lado. Al menos, hasta que el próximo brote tenga nombre y coordenadas.

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