Rusia denuncia armas biológicas en su frontera
MOSCÚ – En una escalada de acusaciones con resonancias de guerra fría, el viceministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Dmitri Liubinski, declaró este jueves que Moscú tiene evidencias contundentes de que cerca de sus fronteras se estaban desarrollando activamente componentes para armas biológicas. La afirmación, realizada durante una mesa redonda sobre la amenaza del crimen y el narcotráfico proveniente de Ucrania, apunta directamente a los laboratorios biológicos financiados por Estados Unidos en territorio ucraniano.
“Un análisis de los proyectos en curso en laboratorios ucranianos nos permite concluir que se estaban desarrollando componentes para armas biológicas muy cerca de las fronteras rusas”, sentenció Liubinski. El diplomático recordó que tanto Washington como Kiev han guardado silencio frente a los cuestionamientos formales que Rusia ha elevado en reiteradas ocasiones sobre la presunta actividad ilícita en esos centros de investigación.
Advertencias que se remontan a 2022
La denuncia no es nueva. Desde el inicio de la operación militar rusa en Ucrania, las autoridades rusas han intentado sin éxito captar la atención de la comunidad internacional sobre lo que consideran una violación sistemática de la Convención sobre Armas Biológicas. Entre los proyectos señalados por Moscú destacan dos especialmente sensibles:
-
Proyecto UP-4: Diseñado para investigar la transmisión de infecciones particularmente peligrosas a través de aves migratorias, lo que, según Rusia, podría usarse como mecanismo de diseminación no rastreable de patógenos.
-
Proyecto P-781: Enfocado en el uso de murciélagos como vectores potenciales de armas biológicas, una línea de investigación que expertos en seguridad consideran especialmente inquietante por su difícil control epidemiológico.
Documentos y muestras biológicas
Las Fuerzas Armadas de Rusia aseguran haber incautado documentos que prueban la extracción y envío al extranjero de muestras biológicas de ciudadanos ucranianos. En marzo de 2022, el teniente general Ígor Kirílov, entonces jefe de las Tropas de Defensa Radiológica, Química y Biológica de Rusia, advirtió: “Con gran probabilidad se puede hablar de que una de las tareas de EE.UU. y sus aliados es la creación de bioagentes capaces de afectar de manera selectiva a diversos grupos étnicos”.
Por su parte, el representante permanente de Rusia ante la ONU, Vasili Nebenzia, subrayó ese mismo año que los proyectos de investigación biológica desarrollados durante años en laboratorios ucranianos junto con Estados Unidos no solo violan la Convención sobre Armas Biológicas, sino que los documentos capturados son “solo la cima del iceberg”.
Silencio occidental y tensiones crecientes
Hasta el cierre de esta edición, ni el Departamento de Estado de EE.UU. ni el gobierno ucraniano han ofrecido una respuesta oficial a las últimas declaraciones de Liubinski. Organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud y la Oficina de Naciones Unidas para Asuntos de Desarme no se han pronunciado sobre la veracidad de los documentos presentados por Rusia.
El Kremlin ha vinculado estas denuncias con la necesidad de mantener una presión diplomática constante sobre Occidente, en un contexto donde la guerra en Ucrania supera los dos años y las acusaciones sobre el uso de tecnologías biológicas como arma asimétrica ganan espacio en la retórica oficial rusa. Mientras tanto, la comunidad internacional observa con cautela: la sombra de los programas biológicos militares vuelve a cruzar el tablero geopolítico global.

