🇺🇸 Miller: «México controlado por terroristas»
Sheinbaum responde desde Nayarit: «En México gobierna el pueblo y las mujeres» mientras la Casa Blanca endurece su discurso.
En un discurso pronunciado en el Pentágono durante la ceremonia de entrega de la Medalla de Defensa de la Frontera, el poderoso asesor de la Casa Blanca, Stephen Miller, volvió a encender la mecha de la controversia al tildar a México como un territorio en manos de organizaciones terroristas. Sus palabras, que replican fielmente el discurso del presidente Donald Trump, han reavivado el tenso debate sobre la seguridad y la soberanía en la región. «Hay una razón por la que en México no funciona el sistema judicial, ni el político, ni el legal», sentenció Miller, argumentando que el país está «controlado y ocupado» por grupos que siembran el terror y la violencia en su propio suelo.
Desde el otro lado de la frontera, la respuesta no se hizo esperar. La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha asumido la defensa de su nación con firmeza, desmintiendo las acusaciones desde el terreno mismo de la política social. Durante un evento en el estado de Nayarit, la mandataria lanzó una declaración que resuena como un eco de la soberanía nacional: «En México gobierna el pueblo, pero también gobernamos las mujeres». Con estas palabras, Sheinbaum no solo contestó las acusaciones, sino que giró el foco hacia los logros de su administración en materia de derechos humanos y equidad de género, presentando una visión completamente opuesta a la narrativa de Washington.
El Pentágono como escenario de la ofensiva retórica
El evento militar en el Pentágono no fue un foro menor. La elección del escenario subraya la estrategia de la administración Trump de militarizar la percepción sobre la frontera sur. Miller, una de las figuras más influyentes en la política migratoria y de seguridad de la Casa Blanca, aprovechó para reforzar la idea de que la frontera que resguardan los militares estadounidenses es la «línea que separa esa realidad» del caos y la violencia que, según él, imperan al sur del Río Grande.
La afirmación de que los cárteles controlan México no es nueva; el presidente Trump la ha esgrimido en foros internacionales de alto nivel, como la reciente cumbre del G7. Sin embargo, al ser repetida por su asesor de Seguridad Nacional, adquiere un matiz de doctrina oficial que trasciende la simple retórica de campaña. Esta postura no solo tensa la relación bilateral, sino que también presiona al gobierno mexicano para que adopte medidas más drásticas en su lucha contra el crimen organizado, bajo la amenaza implícita de una intervención unilateral o sanciones económicas.
La respuesta desde el territorio: Soberanía y programas sociales
Lejos de los pasillos del poder en Washington, la presidenta Sheinbaum ha optado por una estrategia de confrontación ideológica y de reafirmación territorial. Su intervención en Nayarit, donde encabezó la entrega de tarjetas del programa «Pensión Mujeres Bienestar», fue un claro mensaje de que su gobierno está enfocado en atender las causas estructurales de la desigualdad, en lugar de responder directamente con una escalada de confrontación en los mismos términos de seguridad militar.
Al recordar su pregunta retórica de días anteriores: «¿Quién gobierna México?», y responder con un rotundo «el pueblo», Sheinbaum no solo buscó deslegitimar las acusaciones de Trump, sino también posicionar su gestión como un contrapeso a la narrativa de fracaso estatal. Su énfasis en el papel de las mujeres en la transformación del país, destacando el apoyo económico a las adultas mayores y los nuevos centros de apoyo, pretende mostrar un rostro de fortaleza y cohesión social que contradice la imagen de un estado colapsado que proyecta la administración estadounidense.
Mientras las declaraciones de Miller generan ondas expansivas en el ámbito diplomático, la postura de Sheinbaum parece diseñada para consolidar su base política interna y presentar a México como un país con un proyecto de nación definido, capaz de resistir presiones externas. La pugna no es solo sobre quién controla el territorio, sino sobre quién define la realidad de un México que, a juicio de su presidenta, ha decidido gobernarse a sí mismo con principios humanistas, un concepto que choca de frente con la visión de seguridad militarizada de la Casa Blanca.

