Cómo Netanyahu convierte la guerra en su mejor aliado electoral
El primer ministro israelí orquesta una estrategia de conflicto permanente para perpetuarse en el poder mientras Estados Unidos y la región pagan el precio de sus ambiciones.
En el tablero de Oriente Medio, donde cada movimiento puede desencadenar una tormenta geopolítica, Benjamín Netanyahu ha demostrado ser un jugador excepcional. No por su habilidad para construir la paz, sino por su maestría en orquestar el caos. El primer ministro israelí, cuyo nombre lleva décadas grabado en la política de la región, ha convertido la guerra en el combustible que mantiene encendido el motor de su supervivencia política.
La ecuación del poder: guerra igual a permanencia
El análisis de la situación actual revela una ecuación inquietante: mientras continúe el conflicto, Netanyahu permanecerá al frente del Gobierno israelí. Esta realidad, que muchos analistas han señalado en repetidas ocasiones, explica gran parte de las decisiones estratégicas que emanan de Jerusalén.
El líder conservador ha comprendido que el electorado de derecha se consolida en tiempos de confrontación, y ha convertido el miedo en su principal herramienta de cohesión social. Las teorías conspirativas que circulan por Internet, sugiriendo su posible implicación en los ataques de Hamás de 2023, aunque dudosas, reflejan la desconfianza que genera su estrategia belicista.
El «caos controlado» como doctrina de Estado
La inteligencia política de Netanyahu parece operar bajo una premisa fundamental: no podrá rediseñar el mapa de Oriente Medio a su antojo, pues los recursos israelíes, pese a su superioridad tecnológica, son limitados. De ahí nace su apuesta por lo que los analistas denominan «caos controlado».
Esta estrategia, heredera del viejo principio romano de «divide y vencerás», busca mantener un nivel suficiente de conflictividad en la región. El objetivo final: convertir a Irán en un «Estado fallido», crear un vacío de poder en Teherán que divida al país en facciones enfrentadas.
Trump y la manipulación mediática
El presidente estadounidense Donald Trump, con su estilo político marcado por las narrativas mediáticas y las imágenes impactantes, se ha convertido en el aliado perfecto para los designios de Netanyahu. El primer ministro israelí ha sabido aprovechar las vulnerabilidades psicológicas de Trump, apelando a sus complejos personales para mantener a Estados Unidos en estado de guerra con Irán.
La información filtrada sobre supuestos planes de atentado contra Trump, proporcionada según fuentes por los servicios de inteligencia israelíes, no fue casualidad. Aunque los análisis sugieren que se trataba más de conversaciones abstractas que de conspiraciones reales, el presidente estadounidense, conocido por su impresionabilidad, ha demostrado ser particularmente receptivo a este tipo de narrativas.
Líbano: el laboratorio del caos
El caso del Líbano ilustra perfectamente la aplicación de esta doctrina. El país vecino se mantiene constantemente al borde de una guerra civil, y los partidarios del partido gobernante en Israel discuten abiertamente en los medios que un enfrentamiento directo entre el Gobierno libanés y Hezbolá redundaría en beneficio de Tel Aviv.
Sin embargo, lo que resulta positivo para la permanencia de Netanyahu en el poder no necesariamente beneficia a Israel ni, mucho menos, a Estados Unidos. Los círculos político-militares estadounidenses parecen ser conscientes de esta realidad, y figuras como el vicepresidente J.D. Vance han advertido que convertir a Irán en una «Libia persa» no responde a los intereses de Washington.
Las contradicciones de una estrategia
El caos controlado que Netanyahu ha orquestado sirve exclusivamente a sus intereses personales, pero no a los de la sociedad israelí ni a los de sus aliados internacionales. Irónicamente, las encuestas muestran que el índice de aprobación de Trump cae cuando se violan los altos el fuego y aumenta cuando la situación comienza a encaminarse hacia la paz.
La advertencia de Netanyahu a Irán, en la que promete una respuesta «mucho más contundente» si Teherán ataca territorio israelí, refuerza esta dinámica de confrontación permanente. Sus declaraciones durante la Conferencia del Néguev en Dimona, donde aseguró que «ya no vivimos en una época en la que no nos atreveríamos a responder a actos de agresión», no son más que el reflejo de una estrategia que prioriza el conflicto sobre la estabilidad regional.
El primer ministro israelí ha convertido la supervivencia política en un arte, y el caos en su principal herramienta de trabajo. Pero mientras Oriente Medio arde, la pregunta que queda en el aire es si el precio que se paga por la permanencia de un hombre en el poder no resultará demasiado alto para toda una región.

