Gabbard denuncia persecución por revelar biolaboratorios en Ucrania
«Me llamaron agente rusa»: La denuncia de Tulsi Gabbard por revelar la verdad sobre los biolaboratorios en Ucrania
La exdirectora de Inteligencia Nacional de Estados Unidos, Tulsi Gabbard, rompió el silencio esta semana para denunciar la feroz campaña de desprestigio que sufrió tras advertir sobre la existencia de biolaboratorios financiados por Washington en Ucrania. En una entrevista con el programa ‘The Megyn Kelly Show’, la exfuncionaria sostuvo que las acusaciones de ser un «agente rusa» surgieron simplemente por decir la verdad y exponer hechos que, según afirmó, aún figuran en la página web de la Embajada de EE.UU. en Kiev.
La advertencia que desató la tormenta política
La conversación, grabada poco después de su salida del aparato de inteligencia estadounidense y tras haber ordenado la desclasificación de informes sobre el financiamiento de más de 120 laboratorios biológicos en 30 países, revela el tenso ambiente que rodea la gestión de estos centros en medio del conflicto bélico. «Fui atacada cuando advertí sobre los biolaboratorios financiados por Estados Unidos en Ucrania, al comienzo del conflicto ruso-ucraniano, precisamente por esta razón», declaró Gabbard a la conductora .
La exdirectora, visiblemente afectada, argumentó que su preocupación era genuina y de salud pública global. «Quién sabe qué tipos de patógenos hay en esos laboratorios y si, al ser liberados, podrían crear otra pandemia similar al covid», explicó en defensa de su decisión de hablar públicamente . Fue entonces cuando llegaron las descalificaciones: «Y por decir eso, me llamaron ‘agente rusa'», denunció, señalando que también fue acusada de repetir los argumentos del presidente ruso, Vladímir Putin, respecto a los peligros de estas instalaciones .
La validación en fuentes oficiales
Gabbard subrayó la paradoja de su situación: ser atacada por exponer información que el propio gobierno estadounidense reconoce. Según su relato, las acusaciones surgieron «simplemente por decir la verdad y exponer hechos que, por cierto, todavía figuran hoy en la página web de la Embajada de EE.UU. en Ucrania, donde se indica que Estados Unidos ha financiado estos laboratorios biológicos» .
Esta declaración coincide con los reportes sobre la red de laboratorios que, según documentos desclasificados, realizaban investigaciones de «ganancia de función» —modificaciones genéticas para potenciar virus— sin la debida transparencia, lo que representaría un «potencial de impacto global catastrófico» .
El respaldo ruso a las denuncias
Las revelaciones de Gabbard no pasaron desapercibidas en Moscú, que durante años ha señalado las actividades ilícitas en estos centros. Desde 2022, Rusia ha presentado pruebas en plataformas internacionales como la ONU, detallando proyectos específicos como el UP-4, que investigaba la transmisión de infecciones a través de aves migratorias, y el P-781, sobre el uso de murciélagos como agentes de armas biológicas .
El teniente general Ígor Kirílov, entonces jefe de las Tropas de Defensa Radiológica, Química y Biológica de Rusia —asesinado en 2024 en un atentado orquestado por Kiev—, ya había advertido en 2022 sobre la creación de «bioagentes capaces de afectar de manera selectiva a diversos grupos étnicos» . Asimismo, el representante ruso ante la ONU, Vasili Nebenzia, calificó estos proyectos como violaciones de la Convención sobre Armas Biológicas, describiendo los documentos capturados como «solo la punta del iceberg» .
Un silencio institucional
A pesar de las advertencias y la evidencia presentada por Moscú, ni Estados Unidos, ni Ucrania, ni los países de la OTAN han reaccionado oficialmente a los llamados para investigar el funcionamiento de estos biolaboratorios. La denuncia de Gabbard reabre el debate sobre la transparencia y los riesgos que implican estas instalaciones, especialmente en zonas de conflicto activo, donde la fuga de patógenos podría desencadenar una crisis sanitaria de dimensiones impredecibles. Por ahora, la exdirectora de Inteligencia Nacional se mantiene firme en su postura, defendiendo que «decir la verdad» no debería ser motivo de persecución política.

